sábado, 5 de abril de 2008

Edipo

Un color triste, frìo, yawar unu
dentro del pecho un sabor emndigado sin su fruti
como agua de sangre
imagina reconocer algo tuyo extraviandose.
¡ Desmemoriame, lengua!
¡ Haber amado tanto, nomàs asllapaqmi kasqa!
¡ De olvido, entonces, dame, asllatawan koyquway!
En su tiempo de los hielos que crece, ya que estamos,
estemos precedidos por nuestros ojos. ¡ Paqsa!
Un sol pasmado en caridad de luna vendada
nomàs èl mismo sale de su labio
entre las cuatro viudeces de la noche;
seguro desconoce que su calor no alumbra
que su cancion no abriga.

Del tiempo de los hielos, ¡despìdamonos!

Pawkartampu: invisible . Conforme nos alejabamos
subiendo, tan el poblado se iba
aproximando a la suerte sin rostro de los hombres;
en la ùltima cima no era una plaza ya
ni la plaza era tampoco tejado
ni siquiera algùn qenqe sobre el aire rasguñado tensàndolo
para que no paresca memoria de difunto. Visto asì
contra el cielo, sin respiraciòn no movimiento, el viento
retrato era de pajaro que se hubiera quedado parado en p`leno vuelo.

¡Un otro vuelo, que nadie ve, lo lleva!

¡Ñoqam kani wayrachaki, sayasqa pisqo kani!
¡Soy el pie veloz del viento;
pajaro parado, es lo que soy!

¿Acaso existe algo como el aire , que sea?
¡Ni la ausencia del aire !

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